Luz en la Oscuridad

Todos tenemos un lado oscuro que no queremos que nadie conozca. En ese lugar están las cosas que escondemos de nosotros mismos, sobre las que mentimos, tanto a los demás como a nosotros mismos.

Ese lado oscuro, intrinseco a nosotros mismos, y que todos nos esforzamos en esconder, es nuestra sombra. Pero ¿qué esconde nuestra sombra? ¿Cuándo enfrentaremos esa verdad? ¿Qué pasará cuando al fin lo hagamos? ¿Cómo cambiaría nuestra vida si permitimos salir a nuestra sombra y la abrazamos?

¿Porqué escondemos nuestros secretos más oscuros detrás de nuestra sombra? Porque nos han dicho desde una temprana edad que esos son componentes no aceptables de quien somos, que ese aspecto nuestro es indeseable, y no será aceptado y tampoco amado, entonces decidimos que es mejor esconderlo. Pero uno es incapaz de ver su sombra cuando permanece de forma continua en la oscuridad.

Nuestra sombra toma posesión de nuestras vidas, mostrándose de muchas formas, y haciéndose visible en los momentos que:

• Nos endeudamos y no nos es posible afrontar dichas deudas
• Bebemos demasiado
• Gastamos dinero desmedidamente
• Tratamos mal a nuestros seres queridos
• Mentimos
• Hacemos comentarios para desvalorar a otras personas
• Somos arrogantes
• Comemos sin control
• Descuidamos el trabajo
• Nos sometemos a cirugias que transforman nuestra apariencia fisica

La sombra se fue creando con pensamientos, emociones e impulsos que encontramos demasiado dolorosos, embarazosos o desagradables como para ser aceptados, por lo que en lugar de hacerles frente, los reprimimos. El nacimiento de la sombra aconteció cuando éramos niños, antes de que la mente lógica pensante estuviese en la fase de desarrollo que nos capacita para filtrar los mensajes que recibimos de nuestros padres.

Inevitablemente nos avergonzamos por mostrar ciertas cualidades en apariencia no deseadas y recibimos el mensaje de que algo en nosotros no era bueno, de que habia algo malo, o de que, directamente, nosotros éramos los “malos”. Estos mensajes se introdujeron en nuestro subconsciente como si de un virus en una computadora se tratase, alterando nuestra autopercepción y dañando nuestro saludable sentido del yo. Cuando reprimimos cualquiera de estas cualidades vivimos en la negación de todo lo que nos hace ser lo que somos. Sentimos que lo que nosotros verdaderamente somos, nuestra esencia, no es digno ni merecedor de ser amado. Entonces tratamos, con toda nuestra fuerza, de fingir que no somos aquello que odiamos, ese esfuerzo por demostrarlo es una tarea importante para el ego que se encuentra herido, una tarea que el ego cree que es vital para su existencia.

El ego cree que debe esconder todo aquello que pensamos es inaceptable sobre nosotros mismos, para cumplir esta tarea construye una máscara a fin de esconder nuestra oscuridad, y demostrar a los demás que no contamos con tantos defectos, no somos tan inferiores, ni poco valiosos, ni malos como hemos llegado a pensar que somos. A ninguno de nosotros nos gusta admitir que tenemos esta serie de inseguridades, por lo tanto, para ocultarlas creamos un personaje a una edad muy temprana. Empezamos a envolvernos a nosotros mismos en una serie de creencias que estamos convencidos nos traerán la atención, el aprecio, la valoración, la aceptación y el amor que tanto necesitamos.

Trabajamos duro puliendo nuestras máscaras para sentirnos bien con nosotros mismos, pero luego nos saboteamos. Usamos máscaras convencidos de que nos ubicarán en el lugar que queremos ocupar, así nuestras propias máscaras pueden adoptar diversas formas:

• El abusador – Sadam Hussein
• El que lo consigue todo – Donald Trump
• El intelectual – Hawkins
• La seductora – Marilyn Monroe
• Los super cool – Jlo y Marc Anthonny
• El responsable
• El trabajador
• El correcto
• La popular
• El elegante
• El super inteligente

¿Cuál es la tuya?

Nuestra máscara se convierte en nuestro presente, necesitamos la máscara para no mostrar al mundo que nuestro ego está herido y sufriendo. La parte nuestra que fue juzgada como mala o errónea por otras personas, y ahora por nosotros mismos, está literalmente gritando para salir, ser liberada, aceptada y amada como parte valiosa de lo que somos. Cuando nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de expresar nuestro lado oscuro, esta necesidad reprimida va acumulándose y se acaba convirtiendo en una fuerza poderosa, capaz de destruir nuestras vidas y las vidas de las personas que están cerca de nosotros.

Pensamos que todo lo que rechazamos de nosotros mismos se debe mantener bajo nuestra conciencia, que hay que enterrarlo, quedando oculto en las profundidades del abismo. Estamos tratando de ocultar al mismo tiempo nuestro autoegoismo, nuestro autoenfado, nuestro auto “demasiado bueno”, nuestro “no lo suficientemente bueno”. Tratas de esconder muchas cosas al mismo tiempo, y de repente…booooommmmmm! estalla todo en el momento menos deseado y acabas expresando, sin ni siquiera ser consciente, tu sombra, lo que te conduce a sabotear tu vida y tu felicidad.

Cuando eres joven puedes controlar todo esto, pero cuando estás a la mitad de tus posibilidades, cuando las defensas están bajas o cuando tu atención está centrada en algun logro personal, de repente alguien hace algo y, sin quererlo, tu sombra emerge a la superficie. Lo vemos todos los días cuando las personas están en situaciones incomodas, la sombra asoma a la superficie y te agarra desprevenido, ya sea en tu trabajo, cuando estas con tu pareja, en una reunion de amigos, frente al profesor del colegio de tu niño, etc. Cuando no te ocupas adecuadamente de tu sombra, esa parte tuya sale, pillándote desprevenido en tu trabajo, en tus relaciones, cuando quieres bajar de peso, cuando quieres ascender laboralmente o cuando quieres prosperar.

Cuanta más determinación pongamos en reprimir estas cualidades indeseables, más formas interesantes y a menudo maliciosas encontrarán de expresarse. Y será como encerrar en el sótano a alguien que quiere salir, y hace cosas bajo la superficie para llamar nuestra atención, hasta que finalmente las reconocemos y las dejamos salir. Porque esos aspectos de nosotros mismos que no nos gustan salen a través de un tipo concreto de proceso de desintoxicación, han de resurgir para ser liberados.

Cuando entendemos en su plenitud el alma humana, descubrimos que es un lugar de ambigüedad, de contradicción y paradoja. Toda experiencia es el resultado del contraste entre luz y sombra, placer y dolor, arriba y abajo, bueno y malo, adelante y atrás. Para llega a conocer un aspecto del ser tienes que llegar a expresar su opuesto también, así es como alcanzamos el ansiado equilibrio.

Para obtener la manifestación del ser necesitas las energías opuestas, precisas que tus enemigos sean quien tu quieres que sean. El alma humana es a la vez divina y diabólica, sagrada y profana, santa y pecadora. En las tradiciones de sabiduría oriental encontramos eso mismo, el pecador y el santo son, al fin y al cabo, simples monedas de cambio. Por lo tanto una vez que entiendes esto, lo primera revelación que descubres es que tener sombra es lo normal. Si sólo contáramos con la verdad, la bondad, la armonia en el exterior y una completa ausencia de oscuridad, no existiría en nosostros impulso creativo. Cuando descubres tu sombra y aprendes a amarla y a perdonarla, has encontrado el secreto de la Alquimia Superior y adquieres la capacida de transformar tu mundo.

Deseo informarle que el dia 12 de Febrero impartiré el Taller online del El Despertar del Corazón .Es un programa de transformación que ha sido cuidadosamente diseñado después de varios años de trabajo con miles de personas, de recibir el apoyo de grandes maestros en el desarrollos de las herramientas correctas y de experiencias reales que han mostrado una vez más que no existe un sueño inalcanzable cuando este nace del corazón.

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