¿Quién es tu Niño Interior?

Todas las personas que consideramos ser unos “genios” son hombres y mujeres que evitaron, de algún modo, que ese niño curioso e inquieto que todos llevamos dentro se escondiera.Todos nosotros tenemos dos aspectos diferenciados de nuestra personalidad: el Adulto y el Niño. Cuando estas dos partes están conectadas y funcionan juntas, existe un sentimiento interior de alegría, amor y plenitud. Pero cuando estas dos partes están desconectadas, por estar heridas, son disfuncionales y están poco desarrolladas, existe un sentimiento interior de conflicto, de vacío y de soledad.

Es muy importante contar con una comprensión amplia y clara de quién es nuestro Niño Interior, ya que en nuestra cultura los niños han sido considerados tradicionalmentes como inferiores a los adultos: menos importantes y menos dotados de sabiduría.

Cuando éramos niños, lo más frecuente era que nos viésemos a nosotros mismos como impotentes, de modo que solemos hacer equivalentes los conceptos de impotencia y de insignificancia con la idea de ser niños. Además podemos considerar que nuestro Niño Interior es un alborotador. Dado que no nos valoraron con justicia cuando éramos niños, puede resultarnos difícil ahora valorar al Niño que llevamos dentro. Es posible que despreciemos su importancia, perpetuando así nuestras vivencias de la infancia, creando una desconexión dentro de nosotros mismos que causa a su vez nuestro sufrimiento. Es esencial que comprendamos y valoremos a nuestro Niño para que podamos alcanzar la alegría, la paz y la plenitud.

Pero ¿quién es nuestro Niño Interior?

El Niño Interior tiene una gama completa de emociones intensas: alegría y dolor, felicidad y tristeza. El Niño Interior funciona en los modos propios del hemisferio cerebral derecho: ser, sentir y vivenciar, por oposición del Adulto, que funciona en los modos propios del hemisferio cerebral izquierdo: hacer, pensar y actuar, pero que también tiene una gama completa de sentimientos. El “hacer” está relacionado con el mundo físico externo y con llevar a cabo una acción, mientras que el “ser” se refiere al existir a un nivel interno, emocional y espiritual. “Hacer” es una experiencia externa, mientras que “ser” es una vivencia interior.

El Niño es nuestra parte “instintiva”, nuestros “sentimientos viscerales”. Algunos han llamado al Niño “el inconsciente”; pero sí es inconsciente es solo porque le hemos prestado muy poca atención. El inconsciente resulta plenamente accesible por la conciencia cuándo queremos saber algo acerca de él. Nuestro Niño Interior contiene nuestros sentimientos, nuestros recuerdos y nuestras vivencias de la infancia, las que podemos recordar cuando aspiramos a aprender de nuestro Niño Interior.

Podemos considerar al Niño de dos maneras diferentes: el Niño cuando está siendo amado por el Adulto Interior, y el Niño cuando no está siendo amado, cuando es criticado, descuidado y abandonado por el Adulto Interior.

Hay un único Niño Interior. En cualquier momento dado, ese Niño está siendo amado por el Adulto Interior o no lo está siendo; y sus sentimientos y su conducta proceden directamente de la decisión por parte del Adulto de conocer los deseos del Niño, sus necesidades y sus sentimientos, y de responsabilizarse de ellos, o bien de protegerse de este conocimiento y de esta responsabilidad.

Tu Niño Interior cuando no es amado

Cuando el Adulto Interior opta por protegerse de vivenciar y de responsabilizarse de los sentimientos y necesidades del Niño, entonces el Adulto se desconecta del Niño a través de diversas formas de avergonzamiento, de descuido y de indulgencia. Al final el Niño se siente no amado, abandonado y muy solo en su interior. El Niño llega a la conclusión que debe ser muy malo, erróneo, indigno de ser amado, insignificante, inadecuado o falto, pues de lo contrario no habría sido abandonado en primer lugar por los adultos externos (sus padres y abuelos) y, por el Adulto Interior. Las desconexiones externas e internas producen dentro del Niño un intenso miedo, culpabilidad y vergüenza, y sentimientos de estar solo en el mundo y de soledad interior. El Niño aprende a temer el sentimiento de ser rechazado, abandonado y controlado, por sus tutores externos primero y luego por su Adulto interior. Con el tiempo proyecta esos miedos sobre los demás, creyendo generalmente que los demás lo están rechazando o abandonando, o que intentan controlarlo.

El sentimiento de soledad, de abandono, de rechazo, de desprecio es el más duro para nosotros. Es tan profundo el dolor que nos provoca que todos nos esforzamos mucho por protegernos de sentirlo. Cuando nuestros padres y otros adultos nos rechazan, nos averguenzan, nos abandonan, nos desprecian y nos maltratan de niños, el dolor de su abandono es tan insoportable que el Adulto Interior se desconecta del Niño Interior para no vivir esos sentimientos. Entonces, el Niño Interior no sólo se siente aislado y solo en el mundo, sino que también se siente solo y aislado en su interior, sin tener a nadie que lo proteja.

Cuando vamos desarrollándonos, el Niño Interior aprende a proyectar sobre los demás la vivencia interior del abandono. Si el Niño Interior se siente controlado, criticado o descuidado por el Adulto Interior; suele proyectar este sentimiento sobre los demás, y siente que los demás son controladores, críticos o dados al abandono, sea verdad o no.

La ira que siente el Niño Interior hacia el Adulto Interior por abandonarlo se proyecta normalmente sobre los demás. El Niño llega creer que el abandono es sólo externo, porque el Niño no tiene ninguna manera de expresar su ira al Adulto Interior. El Adulto Interior no amoroso no está disponible para prestar atención a los sentimientos del Niño Interior. La ira y el reproche que sentimos hacia los demás cuando somos adultos no sólo son una proyección sobre los demás del rechazo paterno externo, sino también del abandono interior.

El Niño Interior abandonado tiene un miedo constante a ser incorrecto porque cree que el rechazo procede del hecho de ser incorrecto. Aspira, por lo tanto, a descubrir la manera “correcta” de estar en el mundo y de tener el amor de la gente que le rodea. Se vuelve adicto a los imperativos y a las reglas como medio para controlar el rechazo. Desarrolla la necesidad de ser perfecto y la creencia de que es posible ser perfecto. El perfeccionismo y el miedo a ser incorrectos son síntomas de la desconexión interna entre el Adulto y el Niño.

El Niño Interior no amado se siente desesperadamente vacío, aislado y solo, y no cuenta con un Adulto Interior que le ayude a enfrentarse a la soledad del abandono externo, por lo que recurre a diversas adicciones para llenarse a sí mismo. Este Niño Interior herido, abandonado, sobrevive a la vergüenza y al dolor que le inflingen sus tutores primarios volviéndose adicto a una amplia gama de sustancias o de conductas. Son adicciones a sustancias las adicciones al alcohol, a las drogas, a la comida, al azúcar, a la cafeína y a la nicotina. Las adicciones a conductas o procesos pueden ser diferenciadas de la siguiente manera: adicción a personas (codependencia) y la adicción a cosas y actividades, como ser adición a la televisión, a los deportes, al sueño, al ejercicio, al poder, al dinero, a gastar dinero, a los juegos de azar, la hurtar en las tiendas, a la lectura, a hablar por teléfono, a la meditación, a la religión, al dramatismo, al peligro, a ser atractivo, a las preocupaciones, e incluso al sufrimiento y a la depresión como modo de llenar el vacío. El Niño Interior recurre a las sustancias, a las cosas y a las actividades como vía de escape ante el dolor de la soledad y del aislamiento interior.

El Niño Interior puede volverse adicto, por añadidura, a una relación personal, al sexo, a las relaciones amorosas, al amor, a recibir aceptación y aprobación. Todo Niño necesita recibir aprobación por parte de los demás. Cuando no puede recibir la aprobación del Adulto Interior, no le queda más posibilidad que intentar recibir amor y aprobación por parte de los demás.

El sentido que tiene el individuo de su adecuación y de la medida en que es merecedor de ser amado se asocia a la aprobación por parte de los demás cuando su Adulto Interior no es amoroso. El individuo tiene una enorme necesidad de los de más para sentirse bien consigo mismo. Esta necesidad de aprobación exterior inspira unos miedos profundos al rechazo y al dominio por parte de aquellos cuya aprobación desea el Niño.

La bùsqueda de aceptación, aprobación y amor se convierte en los caminos por los que el Niño Interior intenta salir de su soledad intolerable, sin saber que nunca logrará una conexión externa con alguna persona sin que exista primero una conexión interior con uno mismo.

Tu Niño Interior cuando ha sanado y es amado

Después de haber vivenciado un proceso de cambio, de transformación y de reinvindicación de tu Niño Interior, él al fin se siente amado.

Cuando tu Niño Interior se siente amado, esta lleno de vida, de entusiasmo, tiene el sentido el asombro y está conectado a su Ser Superior.

El Niño Interior cuando ha sanado, se siente amado, y es tan especial que el breve contacto con él nos abre a la alegría absoluta de vivir. El Niño amado es vivaz, lleno de energía, y está lleno de pasión, de ludicidad, de curiosidad y siempre es receptivo ante nuevas ideas y experiencias.

La conexión con nuestro Niño Interior nos abre a la creatividad, a nuestra intuición, y a nuestra capacidad y predisposición para confiar. Cuando el Niño Interior fue amado por sus padres o tutores, o la persona ha vivido un proceso de transformación y ha reinvindicado el dolor y sanado las heridas de su Niño Interior, éste ha sido repaternizado con amor por el Adulto Interior por un largo periodo, entonces es blando, sensible, entusiasta, confiado, abierto, y está muy lleno de amor.

Dentro de un Niño Interior amado se encuentra la comprensión de la igualdad inherente en todas las personas y de la unidad de todo lo que es. El Niño amado es sabio, y tiene el saber de una manera holística, no lineal, lo que significa que extrae conclusiones a través de una totalidad de experiencias y de impresiones múltiples y simultáneas, más que a través del pensamiento lógico, racional y lineal, paso a paso, como lo hace el Adulto.

El Niño es quien tiene la capacidad de mantener una conexión emocional y espiritual profunda con nosotros y con otras personas. Es el Niño amado quien puede decirnos a ciencia cierta lo que sentimos y lo que realmente deseamos, basándose en una conexión profunda espiritual. Es el Niño Interior quién sabe lo que es mejor para nosotros. Es el sentimiento que nos proporciona una información precisa sobre lo que nos hace ser felices o infelices, es la conexión con lo Divino.

Las personas que no están en contacto con su Niño Interior no están en contacto con su mundo emocional, y no tienen acceso a esta Fuente de conocimiento e información extrasensorial.

Nuestra sociedad ha empequeñecido desde hace mucho tiempo la importancia de los sentimientos, idolatrando la lógica mientras degrada la sabiduría que proviene de los sentimientos, fomentando el hemisferio cerebral izquierdo, mientras desprecia el derecho.. Y la consecuencia ha sido un terrible desequilibrio: el poder de la lógica sin el poder de la sabiduría. La sabiduría es la acumulación de todas nuestras experiencias almacenadas como emocionales. Cuando no estamos conectados con nuestro ser emocional, no podemos hacer uso de nuestra sabiduría.

Muchas personas negando sus sentimientos y la sabiduría de su Niño Interior, han intentado establecer su identidad “haciendo” en lugar de “siendo”.

El Niño amado es empático: siente profundamente los sentimientos de los demás. Es este aspecto nuestro es el que quiere rescatar a los demás y liberarlos de su dolor. Es un paso hacia una conciencia expandida y en evolución a la Unidad.

Las personas que están conectadas con su Niño Interior reaccionan ante la vida con animación y espontaneidad. Son espontáneas de una manera adecuada: no son impulsivas y descontroladas, ni distanciadas e inhibidas.

Los adultos que están desconectados de su Niño Interior les resulta enormemente difícil jugar y divertirse. Lo que la mayoría de ellos entienden por divertirse consiste en realizar actividades propias de de los adultos: asistir a un cóctel formal o ir a un buen restaurant o al cine, ver una competición deportiva, o emborracharse o drogarse.

El Niño Interior tiene una importancia crítica para nuestro bienestar: Nuestra capacidad de divertirnos depende de nuestro grado de acceso a nuestro Niño Interior. El verdadero juego es algo más que participar en una actividad, y es espontáneo más que planificado. Es una actitud que puede desencadenarse en cualquier parte. Puede vivenciarse en un parque, en un columpio, o incluso simplemente esperando en la cola del supermercado o preparando la cena, está allí siempre que estamos abiertos a nuestro regocijo. Es un sentimiento fluido y estimulante lleno de alegría y risas.

¿Cuándo fue la última vez que te soltaste y te divertiste de verdad?

Es muy frecuente que la única vez que nos permitamos tal cosa sea cuando nos enamoramos por primera vez. De algún modo entendemos las sensaciones internas de los amantes cuando se hacen cosquillas, juegan, saltan, bailan bajo la lluvia, y se divierten como niños, son capaces de soñar y creen que pueden conquistar el mundo. Una fuerza interna poderosa los llena de vida.

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Alejandra Plaza

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